Espacio, limpieza y pulcritud

17 abril, 2018
Espacio, limpieza y pulcritud

La pulcritud en un restaurante es algo que no podemos obviar de ninguna de las maneras y hay quien piensa que esa pulcritud se consigue sólo con limpieza, mucha limpieza, y no,  hay otros muchos factores que harán que tu negocios de hostelería se vea como un lugar perfecto para comer o cenar. Lógicamente la higiene es fundamental, nadie querrá sentarse a una mesa llena de grasa o comer con unos cubiertos sucios, pero son muchas más cosas las que influyen, empezando por la decoración.

Ya puedes tener un restaurante en el que se pueda comer en el suelo de lo limpio que está, que como tengas una decoración recargada, muy típica de los restaurantes americanos, proyectarás una imagen muy diferente. Los espacios amplios y minimalistas consiguen dotar de esa característica la estancia.

Lo mismo ocurre con esos bares que carecen de espacio donde guardar abrigos y/o colgar bolsos. La imagen que se proyecta cuando un comensal entra en la sala y ve bolsos y abrigos de otros clientes colgando de sus cillas y llenando todo el espacio no es nada buena. Puede parecer algo banal pero la realidad es que puedes pasar de parecer una taberna de barrio a un restaurante de alta cocina con muy poco.

A grandes males, mejores soluciones

Una de las mejores soluciones que he encontrado últimamente me la dio un pequeño local del centro de Madrid. Se trata de un restaurante poco conocido que abrió sus puertas hace menos de 10 meses pero que ya goza de buena aceptación. El boca a boca, sobre todo, es el culpable de este éxito y se ha conseguido, principalmente, por el servicio y la atención personalizada que todos los empleados ofrecen a los comensales.

Tenían un local en blanco, pequeño, en el que no iba a caber más de 10 mesas, pero supieron cómo sacarle partido. A la entrada, justo donde recibe un camarero amable y con gran experiencia en el sector, instalaron un armario empotrado de Sidón Armarios, con una estética moderna y actual, fabricado a medida con un frontal muy original en el que se aprecia un árbol tallado en la propia madera. Allí, el camarero-recepcionista recoge los abrigos y bolsos de los comensales y los cuelga en diferentes perchas señalizadas con el número de la mesa que éstos van a ocupar. Posteriormente los acompaña hasta su mesa y les deja las cartas con el menú del restaurante.

La decoración, sencilla y plana, recibe un pequeño toque de color gracias a jarrones, cuadros e incluso la propia vajilla, pero lo que predomina es el blanco, el gris y el negro, lo que hace que todo se vea despejado, limpio y muy amplio.

El suelo, acertadamente, ha sido elección de la hija del dueño, pues ha instalado una tarima preciosa en un tono grisáceo y una estética rústica que rompe la estética elegante del resto de la decoración al tiempo que sigue manteniendo ese etilo plano y sencillo.

En definitiva, han conseguido que un pequeño local sin aparente gracia ofrezca una imagen apetecible, limpia y sencilla a cada cliente que atraviesa el umbral de la puerta, y todo de una manera bastante simple, pero ingeniosa.

Del mismo modo, cuando el establecimiento es demasiado grande y decidimos utilizar esta misma técnica podemos pecar de quedarnos cortos y acabar, por tanto, obteniendo un restaurante desangelado, sin personalidad ni carisma, por ello es necesario buscar un equilibrio estético entre tamaño y decoración. Pero esto no resulta muy complicado si nos basamos en cuatro conceptos:

  • Sobre le color: Haz que predomine siempre un color neutro y aporta toques más vivos con un solo color más.
  • Busca espacio: debes conseguir que tantos tus camareros como los comensales puedan pasar entre mesas y en los pasillos con comodidad.
  • Sobre la decoración: haz que los objetos decorativos tengan una separación entre ellos de, al menos, metro y medio en redondo. Así no recargarás la estancia.
  • Sobre la ropa de abrigo: no dejes que los comensales cuelguen sus abrigos ni sus bolsos o mochilas a la vista, pídeles que cuelguen todo en lugares habilitados o pon un guardarropa a la entrada.

Y, por supuesto, conviértete en un observador nato, vigila cada reacción de tu clientela, así sabrás lo que gusta y lo que no y podrás actuar en consecuencia.